Del critico



Andrey Voznesenskiy, poeta, sobre el libro La práctica del verso ruso

Su pensamiento es cosmopolita en el mejor sentido. Los versos se leen simultáneamente en la calle Kudrinskaya en Londres y en Jerusalén. Es una poesía que ignora la charlatanería y el sentimentalismo cutre tan característicos del siglo anterior.
Se nota el aprendizaje dentro del círculo de acmeistas, pero los espacios en blanco alrededor de las líneas crea una tensión especial.

A menudo el poeta, evitando pudoroso lo banal, esconde la rima dentro de las líneas. Y es lo suyo. Yo podría citar su precioso mi asia menor y otras obras maestras de la brevedad. Todo verso de él es preciso, bien contorneado, pulido.
Pero ¿qué le vamos a hacer si el ratón del ordenador recuerda con su perfil a las siluetas del Antiguo Egipto?




Eduard Limonov, escritor y político, sobre el libro La práctica del verbo ruso

Un dominio de la burguesía - imposible e incompatible con el espíritu de Rusia - nos ha desprovisto de lo que alimentaba el Imperio durante siglos heroismo, escatología, chispas de desesperación y juventud, y, por supuesto de la poesía.
A partir de aquel día en que Rusia amaneció bajo el signo del dólar americano, en ella han dejado de nacer los poetas. Y al nacer - se morían casi enseguida.

Y es por eso por qué es tan grato tener en las manos este libro. Un chico judío refugiado en un nombre ruso resultó ser un verdadero poeta que nació y floreció a pesar de todo.

En Damian hay casi todo lo que destacaba a los poetas de las grandes épocas que se han hundido en el olvido pasión, furia, la disposición de morir por nada... Es un radical innato, como todos los poetas. En él no hay aquellos remilgos de los últimos años.
Está tallado en piedra antigua, pero su mirada apunta el porvenir, donde poetas como él elevarán el mundo hecho de sangre, leña, tierra y yemas de huevo que gotean de las navajas de Siqueiros en las manos de los rotshildes tan de moda hoy.

Delante de sus ojos tenéis un memorandum del alma de un creador sincero, que no piensa en el pan de cada día y por eso - bienaventurado.
Estoy feliz de que este libro hayaaparecido.









© 2004 Damian Kudriavtsev
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